Testimonio: Óscar Romero

Óscar Romero fue un arzobispo católico salvadoreño, célebre por su defensa de los derechos humanos y por haber muerto asesinado durante la celebración de la misa.

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Qué hermoso será el día en que cada bautizado comprenda que su profesión, su trabajo, es un trabajo sacerdotal; que, así como yo voy a celebrar la misa en este altar, cada carpintero celebre su misa en su banco de carpintería, cada hojalatero, cada profesional, cada médico con su bisturí, la señora del mercado en su puesto… están haciendo un oficio sacerdotal. Cuántos motoristas sé que escuchan esta palabra allá en sus taxis. Pues tú, querido motorista, junto a tu volante, eres un sacerdote si trabajas con honradez, consagrando a Dios tu taxi, llevando un mensaje de paz y de amor a tus clientes que van en tu carro.

Aun cuando se nos llame locos, aun cuando se nos llame subversivos, comunistas y todos los calificativos que se nos dicen, sabemos que no hacemos más que predicar el testimonio subversivo de las bienaventuranzas, que le han dado vuelta a todo para proclamar bienaventurados a los pobres, bienaventurados a los sedientos de justicia, bienaventurados a los que sufren.

Cuando se le da pan al que tiene hambre lo llaman santo, pero si se pregunta por las causas, del por que el pueblo tiene hambre “lo llaman comunista ateísta”. Pero hay un “ateísmo” más cercano y más peligroso para nuestra Iglesia: el ateísmo del CAPITALISMO cuando los bienes materiales se erigen en ídolos y sustituyen a Dios.

No nos cansemos de denunciar la idolatría de la riqueza, que hace consistir la verdadera grandeza del hombre en tener y olvida que la verdadera grandeza es “ser”. No vale el hombre por lo que tiene, sino por lo que es.

He estado amenazado de muerte frecuentemente. He de decirles que como cristiano que no creo en la muerte sin resurrección: si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño. Lo digo sin ninguna jactancia, con gran humildad. Como pastor, estoy obligado, por mandato divino, a dar la vida por aquéllos a quien amo, que son todos los salvadoreños, incluso por aquéllos que vayan a asesinarme. Si llegasen a cumplirse las amenazas, desde ahora ofrezco a Dios mi sangre por la redención y por la resurrección de El Salvador. El martirio es una gracia de Dios, que no creo merecerlo. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal que la esperanza pronto una realidad. Mi muerte, si es aceptado por Dios, sea para la liberación de mi pueblo y como un testimonio de esperanza en el futuro. Puede decir usted, si llegan a matarme, que perdono y bendigo a aquéllos que lo hagan. De esta manera se convencerán que pierden su tiempo. Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, nunca perecerá.

Author: justtoth

Somos Marta Jimenez y Máximo Núñez un matrimonio cristiano. Nuestro único objetivo es, desde nuestra pequeñez, ayudarte en tu encuentro con el Padre. Yo creo que todo cristiano es sacerdote, profeta y rey, que el Espíritu Santo sopla donde quiere y que Dios nos llama a todos (no solo a sacerdotes y monjas) a un discipulado radical en su amor incondicional. ¡Quiero estar consagrado al servicio de Dios y ser su testigo ante el mundo! Cualquier idea, sugerencia, crítica, etc. es muy bienvenida. Con la aportación de todos podremos hacer que este Blog merezca la pena y nos sirva para encontrarnos con Él.

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