Padre Nuestro

Padre Nuestro
Padre Nuestro que estás en los Cielos

¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!, Mt 7, 9-11.

Santificado sea tu nombre

Yahveh pasó por delante de él y exclamó: “Yahveh, Yahveh, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad”, Ex 34, 6.

Cada uno de ellos tenía seis alas y estaba cubierto de ojos, por encima y por debajo de las alas. Y día y noche repetían sin cesar: “Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era y que es y que ha de venir”, Rev 4, 8.

Yo te ensalzo, Yahveh, porque me has levantado; no dejaste reírse de mí a mis enemigos. Yahveh, Dios mío, clamé a ti y me sanaste. Tú has sacado, Yahveh, mi alma del seol, me has recobrado de entre los que bajan a la fosa. Salmodiad a Yahveh los que le amáis, alabad su memoria sagrada. De un instante es su cólera, de toda una vida su favor; por la tarde visita de lágrimas, por la mañana gritos de alborozo. Sal 30, 2-6.

Venga a nosotros tu Reino

Una cosa he pedido a Yahveh, una cosa estoy buscando: morar en la Casa de Yahveh, todos los días de mi vida, para gustar la dulzura de Yahveh y cuidar de su Templo; Salmo 27, 4.

Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?»

Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo

«No todo el que me diga: “Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial.” Mt 7, 21.

Danos hoy nuestro pan de cada día
Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden

Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas; Mc 11, 25.

No nos dejes caer en la tentación

Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil; Mt 26, 41.

y libranos del mal.

La oración es necesaria para seguir en el camino, sin desviarse.

Ante la pequeñez del hombre inclinado por naturaleza al pecado, el hombre necesita de un encuentro asiduo, íntimo con el Padre que le renueve, de fuerzas para poder afrontar el camino sin desviarse.

Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu esta pronto, pero la carne es débil.Mc 14,37-3
En la realidad pastoral que he vivido, he visto una ausencia por doquier de personas orantes incluso en animadores, catequistas, responsables, etc. y es que es difícil de entender, pues no se da lo que no se tiene.

Es triste la limitación, la mediocridad a la que nos vemos abocados y por ende a quienes animamos, ¿transmitimos?,… Nos convertimos en papagayos parrots de lo que hemos recibido más que en verdaderos hombres y mujeres con una vida en el espíritu, una verdadera y plena vida de hijos de Dios.

¿Qué podemos decir o predicar cuando no poseemos una experiencia asidua de encuentro con el Padre, encuentro íntimo con Él en su Palabra edificante y vivificadora?

Los que tenemos pareja buscamos momentos para estar con nuestras almas gemelas, es más lo vemos como una necesidad; no solo de estar juntos sino también de estar a solas, necesitamos intimidad. Pues de igual modo, algo así ocurre en la oración. En la vida en el Espíritu necesitamos no solo estar junto al amado, pero además estar a solas, sin nadie ni nada que nos disturbe, esto es, la oración.

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Pero él, se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba.Lc 5, 16
Sin esta experiencia profunda de Dios nos vemos conducidos a una superficialidad que más tarde o temprano nos seca y nos hace morir. Además, el mundo que vivimos (egoísta, apático, superficial, individualista,…) no nos ayuda en el camino a Dios Padre.

El compromiso necesita de una vida sacramental y orante fuerte en la que se descubra a un Dios que es auxilio, fuerza, cobijo, roca, alcázar, ciudadela.

Cuando clamo respóndeme, oh Dios mi justiciero, en la angustia tu me abres salida, tenme piedad, escucha mi oración. Sal 4,2
Guárdame, oh Dios en ti está mi refugio.Salmo 16,1
Yo te amo Yahveh mi fortaleza, me has salvado. Yavheh mi roca y mi baluarte, mi libertador, mi Dios.Sal 18, 2-3
Yahveh es mi luz y mi salvación. ¿A quién he de temer? Yahveh, el refugio de mi vida, ¿por quién he de temblar?Sal 29,1
Por nosotros mismos, con nuestra fuerza (autosuficiencia) no somos capaces, nos quemamos, cansamos, y abandonamos, pero en Dios descubrimos un refugio en el que cobijarnos, una fuerza que nos renueva y nos empuja a seguir adelante.
Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco podéis si no permanecéis en mí. Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera como el sarmiento y se seca.Jn 15,4-6. Lc 21,34-36

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