La oración es expresión de amor

No es otra cosa sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama.Santa Teresa de Jesús

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Pero sin embargo con todo lo dicho, no he explicado la razón más sincera por la que la mayoría rezamos. Lo hacemos simple y llanamente por AMOR, amor desinteresado que busca cada día el encuentro con el Amado, todo a pesar de nuestra falta de fe, pecado, e inconstancia.

Estar, simplemente, con Él; escuchar su Palabra de vida; gozar de su querida presencia; refugiarse en sus brazos de infinita ternura; darle gracias por todo lo que nos da, por sus muchas bondades (su presencia, salud, familia, amigos, trabajo, estar vivos, el perdón de nuestros pecados, llamarnos a ser hijos de Dios,…), etc.

Esta oración puede, quizás, ilustrar muy bien que quiero explicar en este apartado.

No me mueve mi Dios para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido, muéveme ver tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera. Santa Teresa de Jesús

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La oración es necesaria para seguir en el camino, sin desviarse.

Ante la pequeñez del hombre inclinado por naturaleza al pecado, el hombre necesita de un encuentro asiduo, íntimo con el Padre que le renueve, de fuerzas para poder afrontar el camino sin desviarse.

Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu esta pronto, pero la carne es débil.Mc 14,37-3
En la realidad pastoral que he vivido, he visto una ausencia por doquier de personas orantes incluso en animadores, catequistas, responsables, etc. y es que es difícil de entender, pues no se da lo que no se tiene.

Es triste la limitación, la mediocridad a la que nos vemos abocados y por ende a quienes animamos, ¿transmitimos?,… Nos convertimos en papagayos parrots de lo que hemos recibido más que en verdaderos hombres y mujeres con una vida en el espíritu, una verdadera y plena vida de hijos de Dios.

¿Qué podemos decir o predicar cuando no poseemos una experiencia asidua de encuentro con el Padre, encuentro íntimo con Él en su Palabra edificante y vivificadora?

Los que tenemos pareja buscamos momentos para estar con nuestras almas gemelas, es más lo vemos como una necesidad; no solo de estar juntos sino también de estar a solas, necesitamos intimidad. Pues de igual modo, algo así ocurre en la oración. En la vida en el Espíritu necesitamos no solo estar junto al amado, pero además estar a solas, sin nadie ni nada que nos disturbe, esto es, la oración.

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Pero él, se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba.Lc 5, 16
Sin esta experiencia profunda de Dios nos vemos conducidos a una superficialidad que más tarde o temprano nos seca y nos hace morir. Además, el mundo que vivimos (egoísta, apático, superficial, individualista,…) no nos ayuda en el camino a Dios Padre.

El compromiso necesita de una vida sacramental y orante fuerte en la que se descubra a un Dios que es auxilio, fuerza, cobijo, roca, alcázar, ciudadela.

Cuando clamo respóndeme, oh Dios mi justiciero, en la angustia tu me abres salida, tenme piedad, escucha mi oración. Sal 4,2
Guárdame, oh Dios en ti está mi refugio.Salmo 16,1
Yo te amo Yahveh mi fortaleza, me has salvado. Yavheh mi roca y mi baluarte, mi libertador, mi Dios.Sal 18, 2-3
Yahveh es mi luz y mi salvación. ¿A quién he de temer? Yahveh, el refugio de mi vida, ¿por quién he de temblar?Sal 29,1
Por nosotros mismos, con nuestra fuerza (autosuficiencia) no somos capaces, nos quemamos, cansamos, y abandonamos, pero en Dios descubrimos un refugio en el que cobijarnos, una fuerza que nos renueva y nos empuja a seguir adelante.
Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco podéis si no permanecéis en mí. Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera como el sarmiento y se seca.Jn 15,4-6. Lc 21,34-36

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Necesidad de escucha de la palabra vivificadora de Dios

¿Qué puedo añadir yo a tantas citas bíblicas que enfatizan la absoluta necesidad para el creyente de leer y guardar en el corazón la Palabra de Dios Padre?

Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen.Jn. 10, 27
Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él. Jn. 14, 23
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos … mas se complace en la ley de Yahveh, su ley susurra día y noche.Sal. 1
Dichosos los que van por camino perfecto los que proceden en la ley de Yahveh. Dichosos los que guardan sus dictámenes, los que le buscan de todo corazón.Sal. 119
Mi alma está pegada al polvo, hazme vivir conforme a tu palabra.Sal. 119
La palabra de Yahveh nos da VIDA, verdadera vida, vida en el Espíritu (“Tu Palabra me da vida, confío en tí Señor, tu Palabra es eterna, en ella esperaré”) y nos enseña a orar, a discernir lo que debemos hacer, lo que es justo y agradable a Dios

“Hazme entender, para guardar tu ley y observarla de todo corazón”Sal. 119
El os enseñará todas las cosasJn. 16,26

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A través de ella el Espíritu Santo nos guía
El Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completaJn. 16,13
y, en consecuencia, debemos escucharla
“Y vino una voz de la nube: Este es mi Hijo Amado, escuchadle,” Mc.9,7
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La Oración como Discernimiento de la voluntad divina.

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“El bautismo […] hace participar con plena responsabilidad de la vida eclesial para formar un solo cuerpo en Cristo y hace pasar de una existencia de tinieblas a un existencia de luz, que impone el paso de la muerte al pecado a la vida nueva en Cristo. Convertido en luz, el cristiano debe caminar como hijo de la luz. Esto le impone la tarea de discernir para percibir continuamente la voluntad de Dios.
El Espíritu divino […] obliga al hombre a una continua confrontación para dar una respuesta dócil que lo lleve a un constante dinamismo de transformación interior y de renovación, capaz de permitir reconocer el sendero que traza Dios y seguirlo ” Vocablo Discernimiento. Nuevo Diccionario de Espiritualidad. Ediciones Paulinas.

El vivir del creyente es ante todo para hacer la voluntad del Padre, la cual es su alimento. Realmente, no solo no cumplimos esta voluntad, sino que, a veces, ni siquiera sabemos cuál es dicha voluntad concretizado en el hoy y ahora, en las cosas sencillas de cada día e incluso consideramos como buenas, acciones o actitudes contrarias a la fe cristiana. Se hace por tanto imprescindible realizar esta oración al Padre:

Abre mis ojos para que contemple las maravillas de tu ley. Sal. 119,18
Enséñame, Yahveh, el camino de tus preceptos, yo lo quiero guardar en recompensa. Sal 119,33

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Es por tanto necesario la escucha de la Palabra de Dios (a la que evidentemente deben seguir las obras) para conocer cuál es la voluntad del Padre, pero además un discernimiento de cómo se concreta esta, un contemplar la Palabra, <em>una continua exposición de nuestra vida a la luz de la Palabra</em>. Es decir, el cristiano debe discernir constantemente cuál es la voluntad de Dios Padre en cada momento de su vida, en las cosas más significativas, en las grandes decisiones personales, pero también en las pequeñas elecciones cotidianas.
Para este discernimiento son muy importantes la comunidad cristiana, los acompañantes o directores espirituales, las distintas mediaciones que Dios nos pone en el camino, nuestros talentos y limitaciones,… Pero además es indudable el papel de primer orden que tiene la oración.

Decir a Dios “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” es pedirle que nos enseñe a saber cuál es su voluntad en cada momento y nos dé fuerzas para realizarlo en el amor:
Vivid como hijos de la luz;[…].Examinad que es lo que le agrada al Señor […] Así pues, mirad atentamente como vivís; que no seáis como imprudentes, sino como prudentes . Ef 5,8.10.15
¿Qué necesitamos para cumplir la voluntad del padre?

  • Escucha orante.
  • Discernimiento.
  • Praxis, lo que el refrán explica soberbiamente con obras son amores, que no buenas razones y está también reflejado en la Palabra de Dios:
     Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré mi fe por mis obrasSantiago 2:18

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