Humildad

Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado. Lc 18,9-14

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Cuando nos enfrentamos cara a cara con Dios sin caretas, sin ruido ni prisas, con sinceridad, descubrimos la enorme grandeza de Dios, su majestad, poder, amor y misericordia sin límites. ¡Él nos desborda y anonada! Cuanto más nos adentramos en el misterio de Dios, más nos sentimos abordados por su infinita ternura.

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Frente a este amor que no es abstracto sino concreto y presente en la historia de la salvación y en nuestras vidas, nos descubrimos pecadores, limitados, pequeños, y pobres espiritualmente. Frente al Dios amor hasta el extremo, sin mesura, nos reconocemos infieles, llenos de ídolos, egoísmos, envidias, rencillas, desconfianzas, pecados,…

Por tanto, la humildad es consecuencia inmediata del camino de fe de todo creyente. Sin embargo, tampoco debemos caer en el absoluto desprecio de uno mismo, en una bajísima, insana y paralizante autoestima donde algunos llegan, pues como dice el Génesis 1,27:

Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra. Génesis 1,27

En la oración, el hombre se encuentra a sí mismo, al yo verdadero y profundo, lejos de las modas y las apariencias, la competitividad, los miedos, etc.

Un yo que es pecador, indigno, que tropieza muchas veces en la misma piedra, pero creado, por pura gratuidad y don, a imagen y semejanza de Dios. Más aún, Cristo nos ha elegido para ser hijos adoptivos de Dios:

Bendito sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo […] por cuanto nos ha elegido en él (Cristo) antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo. Ef 1,3 ss

La humildad no es un absoluto desprecio a sí mismo. Es el conocimiento del yo profundo, es reconocer nuestra pequeñez, nuestros pecados, es saberse siervo inútil y que solo Dios salva (Rom 3,9ss; Sal 14,1-3; Sal 5,10; Sal 107; Jn 15,1-8; 1 Jn 5,4-5).

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Resulta que por puro don, por la gratuita e infinita gracia de Dios Padre somos salvados, no por nuestras obras, esta es la base de la humildad.

Creámoslo, por puro amor, somos hijos adoptivos de Dios. ¿Puede haber mayor dignidad? ¡Somos templos vivos de Dios donde habita el Espíritu Santo!

Pero, ¡cuidado!, aunque seamos siervos inútiles estamos llamados
, por la fe, a construir el Reino y su justicia, debemos poner toda nuestra carne en el asador, lo que el acerbo popular hizo refrán: “A Dios rogando pero con el mazo dando.” O, más claramente, San Pablo lo explicará diciendo:

Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré, por las obras, mi fe. St 2:18
De esta experiencia liberadora y salvadora brota la alegría de sentirse aceptado, acogido, apreciado, protegido, curado, limpiado del pecado; en una palabra, amado. Y esta alegría y amor es, per se, contagiosa y no puede quedarse encerrada y pudrirse en nuestro corazón egoísta. Por el contrario, debe brillar como el sol, radiar a nuestros hermanos y hermanas, ser luz y sal de todos los que nos rodean.
Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Mt 5:14-15

Algunos textos más para tu reflexión personal:

En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo. Sal 63,7-8
Gustad y ved qué bueno es el Señor. Sal 34, 9
Yo te ensalzo, Yahveh porque me has levantado; no dejaste reírse de mí a mis enemigos. Yahveh, Dios mío, clamé a ti y me sanaste. Tu has sacado, Yahveh, mi alma del seol, me has recobrado de entre los que bajan a la fosa. Sal 30:2-4
En definitiva, la verdadera oración nos conduce hacia la humildad, la sencillez y la alegría.

Author: justtoth

Somos Marta Jimenez y Máximo Núñez un matrimonio cristiano. Nuestro único objetivo es, desde nuestra pequeñez, ayudarte en tu encuentro con el Padre. Yo creo que todo cristiano es sacerdote, profeta y rey, que el Espíritu Santo sopla donde quiere y que Dios nos llama a todos (no solo a sacerdotes y monjas) a un discipulado radical en su amor incondicional. ¡Quiero estar consagrado al servicio de Dios y ser su testigo ante el mundo! Cualquier idea, sugerencia, crítica, etc. es muy bienvenida. Con la aportación de todos podremos hacer que este Blog merezca la pena y nos sirva para encontrarnos con Él.

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